Publicado por: Ricardo Shimosakai | 29/06/2015

Disfrutar del ocio sin barreras


La intérprete Cristina Martínez habla en lengua de signosLa intérprete Cristina Martínez habla en lengua de signos

A Coruña cuenta con salas de cine accesibles para sordos e invidentes, una exposición de arte para ciegos o préstamo de bicicletas para discapacitados, pero el colectivo asegura que aún hay mucho por hacer

Ir al cine, al teatro, visitar un museo o simplemente darse un baño en el mar se convierten en una odisea llena de barreras cuando se tiene una discapacidad visual, auditiva o física. Pese a que las nuevas tecnologías han revolucionado la oferta de ocio para estos colectivos, afectados coruñeses reconocen que aún queda mucho por hacer para lograr un ocio plenamente accesible a toda la población. Eso sí, poco a poco se dan grandes avances. En A Coruña ya existen varias salas de cine pensadas para invidentes y sordos -con subtítulos o auriculares que describen las escenas a los ciegos-, una exposición de cuadros para personas con problemas de visión o servicio de préstamo de bicicletas o sillas anfibias para personas con problemas de movilidad

Bastaría con incluir una pequeña pantalla con subtítulos en cines y teatros, que las películas se produjesen en origen con la opción de audiodescripción, que fuese obligatorio un intérprete de lengua de signos en cada conferencia que se imparte o que todas las playas contasen con una silla anfibia para que las personas con discapacidad -ya sea auditiva, visual o física- pudiesen disfrutar del tiempo libre en igualdad de condiciones que el resto de la población. Pese a que la oferta de ocio accesible se ha multiplicado en los últimos años, principalmente de la mano de las nuevas tecnologías, asociaciones coruñesas de personas con discapacidad aseguran que todavía queda mucho por hacer. “Se han dado grandes avances, pero aún siguen muy limitados para algunas actividades”, señala una de las intérpretes de la Asociación Coruñesa de Promoción del Sordo (Acopros), Cristina Martínez. “Muchas veces la administración o las empresas no son conscientes de que hay cosas que con el mismo coste se pueden hacer accesibles para todos”, añade la responsable del área de Servicios Sociales de la ONCE en A Coruña, Dolores Venancio.

Cuando falla la vista o el oído, ir al cine se convierte en una actividad compleja. Pese a que la tecnología permite adaptar las películas a estos colectivos, por el momento, se ven limitados a disfrutar en pantalla grande solo de determinadas películas y a unas horas muy concretas. El pasado mes de abril, los Cantones Cines inauguraban una sala accesible en la que actualmente se programa Nuestro último verano en Escocia a las 19.45 horas. La sala incorpora bucle magnético -un sistema por cableado o inalámbrico que se instala en un recinto y que permite eliminar ruidos de fondo y clarificar el sonido para mejorar la audición en personas con audífonos- y una pantalla adicional en la que las personas sordas pueden seguir los diálogos a través de subtítulos. Para las personas invidentes, dispone de unos auriculares inalámbricos personales que se entregan a la entrada de la sala. A través de ellos reciben la bautizada como audiodescripción, es decir, una voz en off le va describiendo lo que ocurre en pantalla. Además otras dos salas de los cines Yelmo -Os Rosales y Espacio Coruña- cuentan con el sistema Whatscine, una aplicación que permite a los sordos ver subtítulos gracias a unas gafas especiales o bien seguirlos a través del móvil y que dispone de audiodescripción para invidentes. Actualmente puede verse Mad Max: Furia en la carretera en el Espacio Coruña.

La oferta de películas de estreno es muy limitada, pero mejora cuando se trata de otro tipo de filmes. En el caso de personas sordas, “el Fórum Metropolitano organiza muchas veces ciclos de películas en versión original y con subtítulos en castellano”, indica Cristina Martínez, quien recuerda que hoy en día todos los DVD permiten utilizar este sistema, algo que no ocurre si lo que quiere la persona con discapacidad auditiva es ver la televisión. “La interpretación en lengua de signos es puntual, se limita al debate del estado de la nación, un informativo semanal que tiene La 2 y otro de la TVG 2”, explica Cristina Martínez, quien critica el sistema de subtítulos en televisión. “Especialmente cuando se trata de un programa en directo porque va con cierto retraso y lo debe hacer una máquina de manera automática y esto genera confusión con algunas palabras”, añade.

En el caso de las personas invidentes, la ONCE cuenta con una amplia videoteca de películas con sistema de audiodescripción que los afiliados pueden llevarse a casa al estilo de un videoclub. La ONCE ha adaptado algunos títulos antiguos, pero abogan por que los productores tengan en cuenta la audiodescripción a la hora de realizar las películas. “Es importante que haya salas accesibles, pero el público invidente también tiene que acudir a ellas, los empresarios no van a instalarlas si no hay demanda”, reconoce una animadora sociocultural de ONCE A Coruña, Nieves García.

Para conseguir que una obra de teatro sea 100% accesible bastaría con aplicar la misma tecnología -pantalla con subtítulos o audiodescripción para ciegos aunque con la dificultad de que el seguimiento de los diálogos debería hacerse en directo-, pero ningún teatro coruñés dispone de este material, algo que sí ocurre en algunos madrileños. Solo en casos puntuales hay obras de teatro para todos como ocurre en la gala accesible que Acopros organiza cada dos años. “Hay diferentes actuaciones, música, magia o teatro con subtitulación en directo y bucle magnético”, señala Cristina Martínez.

Si lo que se pretende es acudir a una charla, a un museo o hacer turismo por la ciudad, la accesibilidad varía en función de la discapacidad. “En el Ágora, por ejemplo, tienen instalado bucle magnético, de forma que cualquier persona con restos auditivos puede acudir a los eventos que allí se realizan ya que hay mejor calidad de sonido”, explican en Acopros, donde reconocen que aunque cada vez hay “más conferencias que incluyen intérpretes de lengua de signos”, todavía siguen siendo una minoría. Además, hay aplicaciones para el móvil que explican los secretos de una ciudad a través de la lengua de signos o las oficinas de turismo de ciertas ciudades ofrecen rutas con intérpretes para personas sordas.

Cuando falta la vista, una de las actividades culturales que presenta más limitaciones es visitar una exposición. “Lo ideal son museos que permiten tocar las esculturas o los objetos y sobre todo que tienen un guía que realiza una completa explicación”, explica Nieves García, de la ONCE, quien reconoce que lo más difícil es hacer accesible la pintura. Algo que han logrado en la Fundación María José Jove, donde desde el pasado año es posible visitar una exposición de arte en la que hay réplicas de cuadros con relieve para que las personas invidentes puedan tocarlos, lo que unido a una audioguía permite disfrutar de la pintura de artistas como Dalí, Ramón Casas o Darío Regoyos. Algo similar ofrece el Museo del Prado de Madrid hasta finales de junio.

Las nuevas tecnologías en forma de aparatos o vehículos adaptados también se han convertido en aliados de las personas que se desplazan en silla de ruedas o tienen movilidad reducida a la hora de poder disfrutar de un baño en la playa, una paseo en bicicleta o practicar algún deporte como cualquier otro ciudadano. En A Coruña, la Fundación María José Jove apuesta desde hace años por facilitar el ocio a estas personas. Cuenta con varias bicicletas adaptadas a personas con escasa movilidad -unas en donde el tradicional manillar se sustituye por una manivela para que el usuario pedalee con las manos en lugar de con las piernas y otras pensadas para quienes no tienen autonomía y que cuenta con una barra para que alguien les empuje durante el paseo- que se prestan por turnos durante unas dos horas y de forma totalmente gratuita. Además, cada verano la Fundación ofrece el programa Esfuerza, pensado para que personas con alguna discapacidad realicen deporte y disfruten del tiempo libre. El proyecto incluye clases de vela y piragüismo adaptadas -con material especial- y la opción de ayuda en la playa, es decir, acompañar a cualquier persona con discapacidad para que pueda disfrutar de la jornada en el arenal sin dificultades.

En esta línea, más de 30 concellos de toda Galicia cuentan con las bautizadas como sillas anfibias en algunas de sus playas. Se trata de un vehículo adaptado que permite que cualquier persona con problemas de movilidad pueda bañarse en el mar sentado en él y con toda seguridad. En el caso de A Coruña y comarca ofrecen este servicio las playas de Riazor, Oza o Santa Cristina, entre otras. Basta con acudir al puesto de socorrismo y solicitar su uso que se realizará siempre con un monitor. Para aquellos con cierto grado de autonomía también se ofrecen muletas especiales para facilitar su caminar por la arena.

Las asociaciones de personas con discapacidad reconocen que en los últimos años la oferta de ocio para este colectivo se ha disparado, pero queda mucho por hacer. Atribuyen la falta de opciones a diferentes motivos: desde desconocimiento hasta cuestiones económicas. “El problema de la discapacidad auditiva es que es invisible, no llevan una silla ni un bastón y muchas veces no se hacen cosas adaptadas a ellos no porque no se quiera sino porque pasan desapercibidos y no se les tiene en cuenta a la hora de organizarlo. Ha habido grandes avances, pero aún queda por hacer”, explica Cristina Martínez, quien explica que subtitular una obra o una película es “algo sencillo” y no supone un sobrecoste como contratar “a una intérprete”. En la ONCE sí creen que el dinero tiene algo que ver. “Adaptar una web no supone un sobrecoste, pero hacer totalmente accesible un campamento, por ejemplo, supone contratar a más monitores”, indica Nieves García.

Las nuevas tecnologías -con aplicaciones que permiten desde descargarse libros en formato voz o rutas turísticas en lengua de signos- unidas a las actividades que organizan las asociaciones -la ONCE tiene desde teatro a tiro con arco o viajes organizados- han hecho que las personas con discapacidad del siglo XXI disfruten del ocio plenamente. Eso sí, piden que la oferta se amplíe y se normalice, no sean actividades solo para ellos.

Fuente: La Opinión


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