Publicado por: Ricardo Shimosakai | 03/08/2015

Un digno periplo estival. Un grupo de seis discapacitados podrán hacer el camino de Santiago.


Javier Luque y su hijo, en León, junto a Gerardo, su piloto Javier Pitillas y Daniel, peregrinoJavier Luque y su hijo, en León, junto a Gerardo, su piloto Javier Pitillas y Daniel, peregrino

Todos los participantes completarán una distancia de casi mil kilómetros divididos en 16 etapas hasta llegar a la capital gallega

El verano es una buena época para descubrir nuevas experiencias, planificar viajes, disfrutar del turismo y buscar sensaciones placenteras alternativas. Agarrándose a esa premisa, muchas personas aprovechan el tiempo de descanso para separarse del habitual ajetreo costero para recorrer el camino de Santiago desde cualquiera de sus numerosas rutas de peregrinaje.

En este sentido, Javier Luque y su hijo Antonio tienen previsto hacer el próximo 4 de septiembre el Camino completando la Ruta de la Plata hasta llegar a Santiago de Compostela de una forma muy especial y lo harán con bicicletas y triciclos adaptados porque Antonio tiene una discapacidad que le impide moverse con normalidad. “No es la primera vez que hacemos el Camino de Santiago”, cuenta Javier. Y es que el denominado proyecto Discamino , del que es colaborador Javier Luque, tuvo su origen en 2009, cuando un vigués ciego y sin capacidad auditiva, Gerardo Fernández, decidió crear esta actividad para que las personas con limitaciones pudieran disfrutar la experiencia de recorrer el Camino de Santiago. “El proyecto Discamino tiene muchas lecturas”, reconoce Javier Luque. “Una de ellas, por ejemplo, es la de reivindicar el turismo para todos sin olvidar a los discapacitados. Todo el mundo debería poder visitar lo que quisiera sin ninguna barrera”, explica Javier Luque.

En la actualidad, Javier Luque sigue en contacto con Gerardo. Para este año, según asegura el colaborador cordobés, la expedición estará formada por un grupo de seis discapacitados, entre los que se encuentran el promotor del proyecto y el hijo de Javier Luque, Antonio. Todos ellos estarán acompañados de tres ciclistas de apoyo y seis copilotos. Además, tienen planeado realizar 16 etapas, cada una de ellas de 60 kilómetros, (lo que hacen casi mil kilómetros en total) utilizando bicicletas, una silla de ruedas adaptada y un triciclo tándem para Antonio, que “necesita más ayuda”, según Javier Luque. “Este año tenemos el grupo más numeroso”, admite Javier Luque, quien reconoce que la experiencia para el que la prueba “es única”. “A mi hijo, por ejemplo, todo esto le ayuda a progresar en su rehabilitación personal”, basada en la fisioterapia y la estimulación multisensorial, añade.

De momento, hasta que llegue la fecha de partir desde Sevilla, a Javier Luque y a su hijo Antonio solo les queda esperar. Además, las sensaciones en otras ediciones del proyecto son muy buenas. “La autoestima de los discapacitados sube por las nubes. Es cierto que acaban muy cansados pero terminan también pletóricos. Para ellos, salir de casa y hacer el Camino de Santiago es una experiencia inolvidable”, cuenta el colaborador cordobés y es que, al fin y al cabo, las personas con discapacidad lo único que necesitan es derribar esa barrera que les impide dar el paso y atreverse a hacer el camino. Para eso está el Discamino

Fuente: Diario Córdoba


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