Publicado por: Ricardo Shimosakai | 10/03/2016

Una entrada para la fila 7


Cristian López de Vitoria recoge firmas para mejorar la accesibilidad de los cines, símbolo de su discriminación como consumidoresCristian López de Vitoria recoge firmas para mejorar la accesibilidad de los cines, símbolo de su discriminación como consumidores

Cristian tiene 23 años y le encanta el cine. Si por él fuera no se perdería ninguno de los estrenos semanales. Hasta ahí ningún problema. El problema viene después, cuando, se siente obligado a ver la película desde las primeras filas «casi doblando la cabeza». No puede elegir la fila 7, o esa ubicación central desde la que es más fácil apreciar todos los detalles de la gran pantalla. Y no porque la sala esté completamente llena, no. Cristian es distinto a los demás. O mejor dicho: A Cristian le hacen sentirse distinto a los demás.

Natural de Vitoria y estudiante de Derecho en la UPV/EHU se desplaza en una silla de ruedas. Una parálisis cerebral le impide caminar. Bueno, caminar y algo más, porque hoy por hoy sigue siendo una barrera para muchos aspectos de su vida, entre ellos el ocio y entre el ocio el cine. ¿Por qué no rebelarse contra ello?

Sus amigos son los que hasta ahora se han ocupado de cargar la mayoría de las veces la pesada silla con motor con la que se desplaza. «La cogen entre varios y me suben al pasillo en el que se van a sentar ellos, desde donde se ve mucho mejor la película». Nada ver con los espacios en las primeras filas que los cines reservan habitualmente para las personas con movilidad reducida. La normativa no les obliga más que tener reservado un espacio accesible.

El pasado sábado sólo le acompañaba su amiga Amaia en una de las salas de la cadena Yelmo Cines en centro comercial Boulevard de la capital alavesa, era imposible cargar la silla hasta el sitio donde querían llegar y fue como un «hasta aquí hemos llegado».

Intentaron pedir una hoja de reclamaciones y al ver que esa reclamación no iba a ir a ningún lado, Cristian, animado por Amaia, se decidió a iniciar una pelea que le ha llevado a recoger firmas en la plataforma on line change.org y también de forma presencial. A estas alturas cuenta con más de 780 firmas que respaldan su reivindicación en la plataforma y unas 200 en papel, y cuanta con el respaldo de la asociación alavesa Eginaren Eginez en su reivindicación.

«¿Por qué si yo pago una entrada no puedo elegir la butaca? ¿Por qué no puedo ver la película en iguales condiciones de mis amigos? Es tristísimo que en 2016 tengamos que estar hablando de estas cosas. Vamos de progresistas de que vamos a eliminar barreras de todos somos iguales y resulta que no puedes ni acceder al cine en igualdad de condiciones», se lamenta Cristian, que insiste en que la suya es la representación de muchas quejas de otros como él que llevan vidas autónomas, que estudian, que trabajan, que pagan sus impuestos, pero a los que no se les trata como al resto de los consumidores. Muchos que, como él, han iniciado una batalla casi en solitario, para defender sus derechos.

En Euskadi hay unos 117.000 personas con problemas de movilidad, según los datos que maneja Fekoor, la Federación Coordinadora de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Bizkaia. Miles de personas que son clientes potenciales de los cines vascos. «Muchos dicen que no se ve demasiada gente en sillas de ruedas en los cines, pero es que no apetece ver una película en estas condiciones. Yo pago la entrada como todos los demás, pero no tengo los mismos derechos», dice Ivón Erraiz. Ibon, de 40 años, lleva doce en silla de ruedas tras sufrir una lesión medular en un accidente de trabajo y como Cristian, se ha embarcado en una batalla contra los cines. Aunque no ha iniciado peticiones de firmas sí ha reclamado ya en diversas salas su derecho a elegir la butaca en la que se sienta, aunque consciente de que su petición es muy probable que caiga en saco roto. «El problema es que los cines son accesibles, pero no adaptados. Se agarran a que cumplen la normativa, con un trámite, pero no se preocupan de que se salvaguarden nuestros derechos como consumidores», dice. Tanto Ibon como Cristian creen que sería fácil solucionar el problema: Permitir entrada por la parte de arriba o hacer elevadores para superar el problema de las escaleras.

«El tema de los cines es recurrente porque siempre reservan las primeras filas para las personas con movilidad reducida, y es una queja generalizada en ese sentido entre las personas con movilidad reducida», dice Rául Aguirre, portavoz de Fekoor. Aguirre recuerda que la normativa obliga a reservar en el aforo zonas para personas que utilicen sillas de ruedas, nada más. Por eso, «es bastante común colocar estas plazas reservadas todas juntas y en las primeras filas, segregando a estas personas, obligándoles a pagar por unas plazas que nadie quiere, y olvidándose además de que puede que vayan acompañadas. Lo razonable sería dispersar estos huecos, colocándolos en distintas zonas a las que se pueda llegar sin obstáculos, cerca de las salidas».

Lo que está claro es que cada vez son más las personas con movilidad reducida las que se plantan de forma indivual ante la desigualdad. Hace unos días el actor y cantante ‘El Langui’ bloqueó la salida de un autobús en Madrid al que no se le permitía subir con su silla. ‘El Langui’, personaje con gran proyección mediática le ha dado un gran impulso a su reivindicación. Pero son muchos los anónimos, como Cristian e Ibon los que se suman a estas reivindicaciones en una batalla personal contra la discriminación.

Uno de los casos más flagrantes en el País Vasco de reivindicación contra la desiguadad es el de María Luisa Goikoetxea, una mujer residente en Orduña, de 55 años, que no puede acceder a los trenes de Renfe en la estación de su localidad para poder ir a rehabilitación en Bilbao. A través de chage.org ha conseguido 113.422 firmas para que se coloquen plataformas en los trenes. Ahora Renfe acaba de acceder a tomar en consideración su petición. Al menos a estudiarlo.

No disponer de un tren con una plataforma obliga a Maria Luisa a depender de su marido o de su hijo para la trasladen a Bilbao en coche lo que muchas veces le impide acudir a las sesiones por que sus familiares no pueden abandonar su trabajo y estudios. Maria Luisa sufre una discapacidad tras pasar tres semanas en coma después de sufrir una hemorragia cerebral.

Fuente: El Mundo


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