Publicado por: Ricardo Shimosakai | 24/03/2016

¿Turismo accesible para todos?


En Argentina, desde el año 2002 existe una ley que define y establece al turismo accesible como una actividad que posibilita la plena integraciónEn Argentina, desde el año 2002 existe una ley que define y establece al turismo accesible como una actividad que posibilita la plena integración

Sebastián está sentado frente a la computadora hace un par de horas. Ha tenido que invertir mucho tiempo y esfuerzo en poder elegir su destino de vacaciones. O, mejor dicho, en encontrar su destino de vacaciones. Daniela, al otro lado del mundo, está en una situación parecida. Sebastián se decidió por conocer las Cataratas del Iguazú en Argentina. Daniela se decidió por la ciudad de Ávila en España.

“Turismo accesible para todos” es el lema que se utilizará para celebrar el Día Internacional del Turismo el 27 de septiembre de este año. “El turismo es un derecho y el acceso de todos los ciudadanos debe estar garantizado; en este contexto, el papel de las empresas es fundamental para poder avanzar en facilitar la accesibilidad, pues no sería posible avanzar si los operadores turísticos no crean infraestructura, productos y servicios adecuados”. Son palabras del Secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai.

Dos grandes ejes
El turismo accesible vincula dos grandes temas: el turismo, como actividad recreativa, y la accesibilidad, como medio para la construcción del turismo para todos. Esta relación tiene múltiples acepciones: turismo inclusivo, turismo social, turismo sin barreras, turismo universal o turismo para todos. Pero, ¿qué quiere decir turismo para todos? El diseño universal implica algo más amplio que construir rampas en el atractivo turístico. Se refiere a la adecuación del entorno para que toda la población independientemente de poseer una discapacidad o no, de tener necesidades especiales o no pueda desenvolverse en forma autónoma.

De esta forma, Darcy y Dickson (2009) definen al turismo accesible como una forma de turismo que implica procesos de colaboración entre las partes interesadas que permite a las personas con requisitos de accesibilidad (aquellos con discapacidad, mayores, obesos, familias con niños pequeños, entre otros), o con otras necesidades especiales (por ejemplo, lingüísticas, alimentarias, etc.) funcionar de manera autónoma y con equidad y dignidad a través de la prestación de productos, servicios y entornos turísticos con condiciones de diseño universal.

La Organización Mundial de la Salud calcula que más de mil millones de personas -es decir, un 15% de la población mundial- están aquejadas por alguna discapacidad, cifra permanentemente creciente debido a dos factores: la mayor probabilidad de supervivencia tras enfermedades o accidentes (avances médicos y/o científicos) y el aumento en la esperanza de vida que lleva necesariamente a una relación significativa entre el envejecimiento, el deterioro natural de las capacidades del cuerpo humano, y la discapacidad. Sumado a esto, la diversidad de distintos tipos (lingüística, cultural, social, etc.) es una característica del mundo globalizado actual en el que personas con necesidades especiales y/o contextuales específicas, temporarias o permanentes, representan un número cada vez mayor.

Planificación
Esto revela la necesidad de planificar y preparar los espacios turísticos para ofrecer los servicios para este segmento amplio de la población. Por ejemplo, algunos estudios indican que el primer determinante en la elección de un destino por parte de las personas con discapacidad es que pueda satisfacer sus necesidades; de no ser así, pueden cambiar de decisión e incluso directamente decidir no viajar. Un estudio europeo reciente (Universidad de Surrey, 2015) sugiere que la mitad de las personas con discapacidad no viajan en su tiempo libre debido a una combinación de factores como falta de información confiable, insuficiencia de recursos económicos, falta de fondos y malas experiencias. Sin embargo, el deseo de viajar de estas personas no se limita a sus condiciones individuales sino que se ve afectado por una serie de factores interpersonales, actitudinales y estructurales.

Es decir, el entorno turístico no accesible limita, o directamente elimina, la motivación para viajar de este grupo. Por su parte, desde el lado económico se estima que la Unión Europa deja de ganar anualmente unos 142.000 millones de euros debido a la falta de accesibilidad en infraestructura turística, transporte y alojamiento para viajeros con necesidades especiales. Por lo tanto, la cuestión abarca no sólo la posibilidad y el derecho de estas personas de hacer turismo sino también una dimensión económica que representa una oportunidad de mejora en competitividad y diversificación del mercado en el sector turístico.

En Argentina, desde el año 2002 existe una ley que define y establece al turismo accesible como una actividad que posibilita la plena integración desde la óptica funcional y psicológica de las personas con movilidad y/o comunicación reducidas. Esta ley es limitada en su conceptualización pues no considera necesidades especiales de otros tipos. A pesar de ello, desde 2010, el ministerio de Turismo de la Nación lleva adelante las directrices de accesibilidad en servicios turísticos que proveen un marco de referencia para los prestadores de servicios turísticos para incorporar accesibilidad. Numerosos atractivos turísticos de todo el país -entre ellos, tres de los bienes inscriptos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO han incorporado dichas directrices.

El Parque Nacional Talampaya fue pionero al incorporar estacionamiento reservado, camping con sanitarios adecuados, pasarelas, menú del restobar y carta de excursiones en Braille. En 2012 el Parque Nacional Iguazú añadió rampas, espacios especialmente asignados para sillas de ruedas en el Tren Ecológico de la Selva, carros especiales a motor, menúes y carteles en Braille, un mapa háptico, sanitarios y suelo con distintas texturas que indican a las personas con discapacidad visual su localización. En 2013 la Península de Valdés construyó senderos, rampas y sanitarios, elaboró folletería en Braille y capacitó personal en lenguaje de señas para personas con discapacidad auditiva.

Mientras tanto, Sebastián lleva en su vida una silla de ruedas y Daniela no puede ver a través de sus ojos. ¿Cuándo será el día que Sebastián y Daniela puedan elegir libremente su destino de vacaciones?

Fuente: democracia.com


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