Publicado por: Ricardo Shimosakai | 18/05/2017

Turismo y accesibilidad: con avances, aún queda mucho por hacer


Las mayores dificultades se encuentran en el transporte y en los alojamientos más antigos

Iguazú, un parque nacional pionero en accesibilidad Parque Nacional Iguazú

De a poco, la Argentina suma destinos preparados para el turismo de personas con capacidades diversas, pero los avances llegan a un ritmo más lento que el deseado, según coinciden responsables de instituciones públicas y empresas privadas.

Los mayores inconvenientes se presentan en la integración de toda la cadena de servicios para personas con movilidad limitada, aptos para sillas de rueda, cochecitos de bebe o para ser recorridos por ciegos o sordos, por ejemplo.

Puerto Madryn es uno de los casos más completos del país. El destino, de atractivo internacional sobre todo por el avistaje de ballenas, cuenta con alojamientos adaptados, balnearios con rampas de acceso, excursiones integradas y taxis accesibles. “Resolvieron uno de los mayores inconvenientes, que es la movilidad y que suele hacer que se rompa la cadena”, explica Miguel Tacconi, uno de los responsables del portal Vías Accesibles, con información sobre la oferta existente.

“Cada vez hay más; en varias provincias se vienen registrando adelantos. Gracias a la mayor responsabilidad y sensibilidad y también porque se empieza ver que es un nicho económico interesante”, señala Tacconi. El sitio nació por iniciativa suya y de Diego Jorge, ambos amantes de los viajes y con problemas de movilidad. “Por nuestra necesidad empezamos a buscar y no encontrábamos nada”.

Alrededor del 10% de la población tiene necesidades de accesibilidad especial. El Parque Nacional Iguazú fue el primero del país en integrar; le siguió Talampaya, en La Rioja. En Los Glaciares (Santa Cruz) hay una pasarela accesible; el Tren del Fin del Mundo, en Ushuaia, está también adaptado.

Karina Pudor, encargada de Accesibilidad del parque Iguazú, explica que se trata de un proceso “continuo” -que este año deben recertificar- y que cada vez reciben más consultas de agencias, hoteles y restaurantes que quieren ofrecer más comodidades a los visitantes.

De hecho, la ciudad es uno de los lugares del país con más cantidad de alojamientos adaptados.

“Aumentó la cantidad de ingresos de adultos mayores y de familias con algún integrante con alguna discapacidad, que regresan porque pueden disfrutar un destino todos juntos”, dice.

En el parque hay sillas de ruedas construidas en los talleres de la concesionaria con ruedas especiales adaptadas a las pasarelas que se prestan sin cargo (no hay personal para acompañar al usuario). Los tres circuitos pueden ser recorridos por personas con problemas motrices (el inferior hasta el 90% porque hay un área de escaleras) que son llevadas hasta el inicio por carritos.

Además, en el centro de interpretación del ingreso se exhibe una maqueta de todo el parque en sistema braille y tallas de madera de los animales autóctonos realizadas por los pueblos originarios en un tamaño y textura que permiten a los ciegos representarse la fauna del lugar. También hay personal entrenado en comunicación por lectura labial.

En Madryn se ofrecen experiencias de buceo adaptado. Foto: Turismo de Puerto Madryn

Pudor comenta que también vienen trabajando mucho con escuelas especiales: “En grupo, vienen con sus asistentes. Pero cuando son familias, nosotros los orientamos y asesoramos. Son experiencias enriquecedoras para todos”.

Los consultados por la nacion coinciden en que la accesibilidad es sinónimo de “plena integración”, de permitir que quienes tienen un inconveniente puedan compartir espacios y ocio con su familia y amigos. También subrayan que la autonomía debe ser parte de la mirada con que se abordan las soluciones, a la vez que insisten en que -en el caso de los problemas motrices- lo que se hace sirve también para adultos mayores y madres con bebes.

En Entre Ríos, el complejo termal Villa Elisa es uno de los que certificó y revalidó el cumplimiento de directrices de accesibilidad. Su gerenta, Eliana Francu, aclara que no todas las instalaciones están integradas, pero que cumplen un “plan de mejora continua”. Uno de los bungalows (son 102 en total) está completamente adaptado para discapacitados motrices e hipoacúsicos, al igual que las habitaciones de uno de los hoteles del predio.

En el sector de piscinas, una cuenta con plataforma hidráulica (no para menores de 11 de años). “Hay opciones, incluso para integrarse a las actividades recreativas que se desarrollan -apunta-. Pedimos que se nos avise con anticipación porque entonces es todo más simple; como el agua de las piletas es salada se flota muy fácil y eso también es apreciado desde el punto de vista terapeútico”. Hay piletas de agua caliente, templada y fría.

Vision ética

Desde el Ministerio de Turismo de la Nación, el director de Desarrollo Mariano Alguacil, sostiene que la accesibilidad es un concepto enmarcado en una visión ética y sustentable: “El turismo debe ser inclusivo, para todos”. Describe que hay cada vez más lugares donde el acceso se facilita no sólo para lo motriz sino en otras instancias, aunque todavía de manera incipiente. Algunas bodegas, por ejemplo, organizan visitas en las que aplican “todos los sentidos”.

Desde el Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, aconsejan descargar del sitio oficial la guía con propuestas discriminadas por discapacidad, que se elaboró para colaborar con los visitantes. “Estamos trabajando, es un proceso lento pero se avanza exponencialmente”, señalan. Se han instalado mapas ápticos (en relieve con contrastes) en centros de información; en el museo de Casa de Gobierno se expone la primera maqueta 3D de Sudamérica con los edificios más importantes del centro histórico.

Admiten que son los sordos los que más dificultades tienen en la práctica; adelantó que entrenarán más guías en el lenguaje de señas. “Hay más interés en el cumplimiento de las normas, más consultas; los hoteles nuevos son los más avanzados”.

Un mar para todos

Ocho años de intenso trabajo lleva la ONG Mar Para Todos en Mar del Plata, integrada en su mayoría por guardavidas. Cuentan con 40 sillas anfibias -ellos mismos las fabrican; acaban de vender dos a las termas de Concepción del Uruguay- que ofrecen sin cargo en la playa Bristol (en la parada de Luro y Costanera).

El coordinador Ricardo Colonna señala que es imperioso que la actividad se reglamente, con horario y personal capacitado (entienden que deberían ser guardavidas): “Entrenamos, prestamos las sillas a otros balnearios, pero falta más. Somos un eslabón en la cadena pero hay que completarla”. Por ejemplo, la ONG hizo pasillos enrollables para llegar a la línea de agua donde no hay rampas (la mayoría llegan de la vereda al inicio de la playa).

La cordobesa Santa Rosa de Calamuchita (a 90 kilómetros de la ciudad capital) presentó su experiencia a partir de un programa de la Nación. El secretario de Turismo, Mariano Bearzotti, describe que hay senda táctil (baldosas curvadas) en la calle principal; rampas en la costanera y en las dársenas y mapa en braille en el centro de información. Reconoce que el “gran déficit” sigue en alojamiento y locales gastronómicos. “Estamos trabajando muy fuerte para que los privados nos acompañen”, asegura.

Fuente: La Nación

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